El Papa Francisco ha contado a los jóvenes la historia del buen samaritano y les ha advertido de que “ninguno está eximido” de serlo.
En el encuentro que ha tenido con los jóvenes en la sede de Scholas Ocurrentes en Cascais, el Pontifice ha hecho hincapié en la necesidad de dejar a un lado las necesidades personales por ayudar al otro.
Esta parábola cuenta la historia de un judío que iba por un camino y unos ladrones lo asaltaron quitándole todo lo que tenía. Lo hirieron de tal forma que lo dejaron medio muerto en medio del camino. Por el camino pasaron otras tres personas. Primero, un sacerdote que vio al hombre en el suelo, lo ignoró, y siguió su camino. En segundo lugar, pasó un levita, que tampoco se detuvo. La tercera persona en pasar por el lugar fue un samaritano. Los samaritanos y los judíos tenían cierta rivalidad. Sin embargo, este último, se paró y le ofreció su ayuda.
Así y, y tomando como referencia esta palabra, el Papa ha narrado como, el sacerdote que pasaba por el lugar no quería ayudarle para no entrar en impureza.
“Cuantas veces nos pasa esto a nosotros, decimos: tú te mueres, pero yo me mantengo puro” ha apostillado. Sin embargo, ha animado a los jóvenes a que se acerquen al otro independientemente de lo que represente, imitando al buen samaritano y les ha advertido de que “ninguno está eximido” de serlo.
El Papa les ha lanzado varias preguntas de reflexión, como ¿que les hace sentir compasión? y les pide ensuciarse las manos, para no ensuciarse el corazón.
Así, el Santo Padre ha puesto de manifiesto el error que supone poner la pureza “ritual” por delante de la cercanía humana. Esta reflexión se produce un día después de que el Santo Padre se reuniese con víctimas de abusos sexuales a menores cometidos por miembros del clero portugués, seis meses después de un informe demoledor para la Iglesia portuguesa.
De acuerdo con la Santa Sede, un grupo de 13 personas fue recibido en la Nunciatura. “El encuentro se desarrolló en un ambiente de intensa escucha y duró más de una hora”.
El papa Francisco ya había expresado previamente su preocupación por este tema a la jerarquía eclesiástica portuguesa, cuando aseguró que la decepción del funcionamiento de esta institución se debía a algunos casos de mal testimonio y “por los escándalos que han desfigurado su rostro”. Francisco ha expresado en diferentes ocasiones su preocupación por los casos de pederastia documentados en diferentes países.